Excursión a Sergiev Posad desde Moscú (Agosto 2013, lleno de obras)

Domingo, 8 Diciembre 2013

En los viajes, no todo sale como uno esperaba  y es que hay cosas que no están al alcance de nuestras manos. El mejor ejemplo de ello lo tenemos en la excursión de un día que hicimos a Sergiev Posad desde Moscú.

Somos de los que si decidimos gastar un día entero de un viaje haciendo una excursión o una actividad, nos hemos informado previamente de ello para estar seguros que queremos invertir el tiempo en ello. Esta vez, también fue así: miramos qué era Sergiev Posad, qué nos podría ofrecer, cuando lo encontraríamos cerrado y sus horarios. Pero muy a nuestro pesar, el día nos salió bastante torcido.

Sergiev Posad es un pueblo situado a unos 50 Km de Moscú. En el pueblo se encuentra un complejo monástico ortodoxo de gran importancia. De hecho, es un lugar de mucho culto pues constituye uno de los principales lugares de peregrinación para los rusos ortodoxos.

Sergiev Posad, además, es uno de los pueblos que constituyen el “Anillo de oro”, una ruta por Rusia por pueblos con una gran historia ortodoxa arraigada. Sergiev es el más cercano a Moscú así que queríamos ir a verlo.

Para ello, nos decantamos por una excursión de un día en tren. También hay autobuses que te llevan a Sergiev pero los atascos para salir de Moscú pueden ser de horas así que pensamos que el tren sería la mejor opción. Lo primero es saber a cuál de las tres estaciones de Moscú hemos de ir para ir a Sergiev. Las tres estaciones están en una plaza. La nuestra es la de cercanías, es decir, la de Yaroslavsky.

Habíamos leído en algún blog que los trenes salían cada media hora así que a las 10h de la mañana ya estábamos en las taquillas de la estación de trenes. Pasamos los arcos de seguridad de la estación, cruzamos la gran sala de espera y dimos con las taquillas. La chica que nos tenía que dar los billetes no nos entendía pero al final nos pudimos entender con gestos.

Nos dirigimos hacia las vías pero antes le preguntamos a una trabajadora de la estación que si eran aquellas vías por donde teníamos que ir. Tampoco sabía inglés ni nosotros ruso. Nos decía que sí y nos indicaba “12” y nosotros entendíamos que era la vía 12… pero cuando queríamos pasar nos decía que no…. Total, que al final nos entendimos y lo que quería decir era que ¡¡¡el próximo tren salía a las 12h!!! Ufff…. Nos quedaban dos horas muertas por delante y una mañana perdida. Así que los horarios no son nada frecuentes.

Cuando se acercaba la hora de la salida de nuestro tren, fuimos hacia las vías. Todavía no había salido el número de vía de nuestro tren, así que esperamos entre la multitud. En cuanto salió, todo el mundo corrió hacia el tren. Pudimos coger asiento. Fue entrar al tren y saber que aquel viaje de 50 Km iba a ser muy largo. El calor era sofocante, obviamente no había aire acondicionado. Los asientos eran tipo banco, muy incómodos y la gente se amontonaba por los pasillos como podían. De repente, empezaron a entrar personas que vendían cosas, con una separación de 2 minutos entre cada una. Esta gente llevaba colgada una acreditación que les permitía vender dentro de los trenes. Y pasaron vendiendo todo lo que os podéis imaginar y mucho más: escobas, pañuelos, abanicos (no nos habrían ido mal), libros, colores, trapos, ropa, sombreros, bebidas… ¡Y la gente compraba!

Total, que entre una cosa y otra estábamos deseando llegar. Nos estábamos agobiando con tanto calor y tanta gente. No sabíamos cuánto quedaba porque no anuncian las paradas, pero como el tren paraba cada 5 minutos y competía en velocidad con la tortuga del cuento “la tortuga y la liebre”, pensamos que si nos pasábamos de parada, tampoco estaríamos muy lejos. De repente, se nos acercó  la revisora y le preguntamos cuánto faltaba para llegar. Tampoco nos sabía contestar en inglés pero nos entendió. Nos dijo “2”. Nosotros empezamos a decir: Ah, “serán dos paradas”, “ah, serán 2 minutos…”. Como intuyó que no la estábamos entendiendo le dijo a la señora que estaba delante nuestro que por favor nos avisase cuando nos teníamos que bajar. Total, que lo que nos quería decir era que el tren llegaba a las 14h… Dos horas para recorrer 50 Km, no lo esperábamos.

Pero no pasaba nada, ¡por fin estábamos en Sergiev Posad! Nada más llegar fuimos a preguntar a las taquillas de la estación, los horarios para volver a Moscú, no fuera que tuviéramos que volver a esperar 2h para que saliese el tren. Tenían una frecuencia aproximada de 2 cada hora así que no tendríamos problemas.

Cuando se sale de la estación, hay que girar a la derecha y seguir todo recto por un caminito que hay hasta encontrar el monasterio. Aproximadamente son 5 minutos caminando pero no tiene pérdida. Giras a la derecha en la estación y caminas hasta que te lo encuentras. Comimos por el camino unos bocadillos que nos habíamos hecho, no podíamos entretenernos mucho.

¡¡Por fin vimos el monasterio de Sergiev Posad!! Los fieles se empezaban a santiguar en cuanto veían la estampa del monasterio, como es habitual en Rusia. Pero a nosotros había una cosa que no nos acababa de gustar… estaba todo en obras [verano 2013].

 

Sergiev Posad cubierto de andamios

 

Complejo de Sergiev Posad en obras

 

Puerta entrada a Sergiev Posad

  

Ya que estábamos allí y con todo lo que nos había costado llegar, fuimos hacia el monasterio, un poco decepcionados  porque seguro que no veríamos las fantásticas cúpulas de Sergiev.

Entramos al complejo monástico y éramos los únicos turistas. Allí, todas las mujeres llevaban el pelo tapado aunque si eres turista no hace falta que te tapes. Estuvimos paseando por el lugar y el ambiente nos gustó: los monjes paseaban por allí, se sentaban a hablar en los jardines… las familias iban a rezar en una pequeña ermita y había una fuente en la que se llenaban garrafas de agua, seguramente bendita para los creyentes.

 

Fuente Sergiev posad 

 

 Monje en Sergiev Posad

  

Pero no podemos negar que estábamos muy decepcionados… todo estaba en obras, y no solo las fachadas, sino también los interiores. Todos los templos estaban cerrados y no podíamos hacer otra cosa que no fuese pasear por el recinto. Las obras tenían pinta que iban para largo, no eran simples andamios que se colocan para un mes de obras. Aitor se compró un vasito de una especie de mosto que hacían artesanal en el monasterio y que todo el mundo bebía.

Nos sentamos a descansar y sin mucho más que hacer, decidimos que lo mejor sería volver a Moscú. Esta vez no nos había salido el día como esperábamos, pero lo habíamos intentado. El viaje de vuelta fue mucho más tranquilo, ya que al menos, los vagones iban medio vacíos.

 

Iglesia Sergiev Posad

 Pinturas en Sergiev Posad  

 

 

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