Choque de culturas en Marruecos

Viernes, 10 Mayo 2013
Y es que cuando por primera vez ves algo diferente las emociones se mezclan, los pensamientos van y vienen y muchas veces no sabes cómo actuar. Hoy no toca hablar de sitios recomendados para visitar, hoy toca explicar este cúmulo de sensaciones de cuando te encuentras por primera vez lejos de tus costumbres, sintiendo que el diferente eres tú. Marruecos, hoy toca hablar de Marruecos.
 
Hombres tomando el sol en Ouzoud
Tomando el sol en Ouzoud
 
 
Siempre recordaremos el viaje a Marruecos como el primero para nosotros en muchos aspectos. Sabemos que de alguna manera de Marruecos nos hizo crecer como personas y como viajeros. Y es que Marruecos nos enseñó lugares preciosos pero no fue eso lo que nos marcó. Si cerramos los ojos y pensamos en aquel viaje, lo primero que nos viene a la mente son sensaciones difíciles de explicar… 
 
Siempre recordaremos el calor sofocante con el que nos recibió Marrakech y la sensación de deshidratación que iba y venía sin avisar.
 
 
Sedientos en Marrakech
Henar bebiendo para no deshidratarse
 
 
También recordaremos nuestro primer contacto con la Medina. No os vamos a engañar, en nuestra primera salida nos perdimos y la sensación de inseguridad se apoderó de nosotros. En aquel momento parecía que todo el Mundo se fijaba en nosotros, de hecho… sí, todo el mundo nos miraba pensando ¿Qué hacen estos aquí? La gente nos empezó a liar diciendo: “Ei, yo te acompaño a la Plaza”, el típico acoso de Marrakech del cual no hicimos ni caso durante nuestros días allí.
 
Volvimos al Riad y nos dijimos que teníamos que hablar sobre todo lo que habíamos visto aquella tarde. Estuvimos dando vueltas a por qué nos sentíamos inseguros, qué nos había gustado hasta el momento y qué no. Ya preveíamos que Marruecos nos iba a enseñar mucho en aquellos días… Y así fue. Volvimos a salir del Riad, esta vez por la noche y con la mentalidad de disfrutar al máximo de cada diferencia que encontrásemos entre ese país y el nuestro. 
 
Abrimos la mente, nos dimos cuenta de que no hay un solo camino para hacer las cosas bien. Nos quitamos manías, muchas manías y disfrutamos al máximo de la oportunidad de conocer un lugar con una cultura tan diferente a la nuestra.
En Marruecos sentimos muchas emociones diferentes: vimos miradas profundas y honestas; pero también miradas interesadas y con malicia. Comimos las mejores tortitas, zumos de naranja y tajines; pero también vimos imágenes que nos producían arcadas. Encontramos a gente amigable, con ganas de conocer más sobre nosotros; y también a otros que solo nos veían como un billete andante. Vimos lugares preciosos y otros que no tanto.
 
 
Plaza Djemaa el Fna en Marruecos
Posando con uno de los camareros en la plaza de Marrakech
 
Comida marroquí
Disfrutando de la comida típica
 
 
Pero Marruecos fue increíble, por primera vez nos teníamos que adaptar nosotros a la manera de vivir de allí (por Europa es más fácil) y lo hicimos, lo hicimos muy bien porque disfrutamos de cada momento. Fue el viaje en el que más hemos evolucionado ya que lo que el primer día nos parecía extraño, no lo era ya en el tercer día sino que esa diferencia era lo que hacía al viaje tan especial.
 
A Marruecos volveremos… por muchas razones: porque su cultura nos gustó, porque tiene mucho que ofrecernos y porque fue el primer viaje que nos hizo cuestionar todo y queremos que lo siga haciendo.
 
 
Cooperativa del aceite de Argán
Haciendo amigas en la cooperativa de aceite de Argán
 
 
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