Carta a Japón desde el corazón

Martes, 26 Diciembre 2017

Una semana después de regresar de nuestro viaje por Japón, me apetece escribir estas palabras. Este post no lo leerá mucha gente porque no va de dar información útil de Japón. Pero no importa. Este post es para mí. Para que de aquí unos años relea mis palabras y vuelvan a mí los sentimientos que Japón me hizo sentir. 

 

Tranquilidad en Japon


Si me hubiesen preguntado hace 2 años si quería ir a Japón, seguramente habría dicho que no era mi prioridad. Nunca me había llamado la atención. Desde aquí lo veía como un país raro y lleno de excentricidades. Habiendo tantos sitios en el Mundo por descubrir, no me había fijado en Japón. 


En los últimos años, Aitor ha tenido que viajar varias veces por trabajo a Japón. Tampoco era su prioridad pero no tuvo elección. Recuerdo el primer día que hablé con él en su primer viaje. Primero me dijo que había pasado un terremoto mientras estaba en la cama y, después, no paraba de explicarme con emoción todo lo que estaba descubriendo. Y no me refiero a monumentos ya que poco pudo visitar en aquellos viajes. Pero sí que me contaba las actitudes, formas de vestir y las reacciones de la gente. Siempre riendo. Desde aquel momento, me empecé a interesar por Japón. Porque vi que a Aitor le gustaba.

 

Familia japonesa vestida con kimonos y traje

 

Uniforme escolar en Japon


Por varios motivos, las veces anteriores no había podido acompañar a Aitor a Japón. Pero esta vez la oportunidad era muy buena. Teníamos solo una semana para preparar el viaje y esto nos generó muchas dudas pero, al final, nos decidimos. La elección no pudo ser más buena.


Creo que puedo decir que Japón es el país que me ha despertado más curiosidad hasta el momento. Durante dos semanas mi mente ha estado completamente ocupada fijándose en todo lo que le rodeaba. Puro presente. He observado, he disfrutado y he aprendido.


He visto una sociedad mucho más cívica y respetuosa de lo que jamás podré ver aquí. He visto a gente alegre que me sonreían en todo momento. Me he dado cuenta que cuando la gente me sonríe, me siento bienvenida y arropada (incluso cuando todo mi alrededor está escrito en un alfabeto que no entiendo). He conocido un país tranquilo y silencioso. Incluso Tokio es mucho más tranquilo de lo que podrá ser alguna vez Barcelona.

 

Rascacielos en Tokyo

 


Estos días he visto como la modernidad convive en armonía con lo milenario. Al principio me sorprendida ver una abuelita en kimono al lado de un joven vestido excéntrico y que entre ellos no hubiese alguna miradita de recelo. Allí parece que nadie juzga a nadie. Incluso nosotros que vestíamos completamente diferente a la moda japonesa, nunca nos sentimos observados. 


Estos días hemos podido descubrir juntos un país fascinante. Lleno de templos y naturaleza. Lleno de gente alegre. Un país que, a pesar de no haber sido nunca nuestra prioridad, nos ha marcado mucho.

 

Deportes ancestrales en Japon

 

Esculturas graciosas en Japon


Hemos tenido la suerte de ir en temporada baja y no hemos encontrado casi turismo. Algunos de lo lugares milenarios los hemos podido disfrutar en soledad. Y eso no tiene precio.


Nunca hemos visto colores tan bonitos como los de los árboles de Japón. Siempre había pensado que el verde es el color que mejor le sienta a la naturaleza pero, ahora creo que el rojo le favorece y le da fuerza. Aitor, ¿por cuántos jardines hemos paseado solos bajo ese manto rojo? ¿Por cuántos parques hemos dicho eso de “no puede haber otra cosa más relajante que esto”?

 

Jardines japoneses en epoca de momiji

 

hojas rojizas en Japon


La verdad es que la tranquilidad que hemos sentido en Japón solo ha sido superada por Islandia. Y es que Islandia es y será aquel país donde siempre volveremos. Aunque ese sea otro tema a parte.


En Japón no ha sido todo fácil. Los primeros días un jetlag de narices parecía que no se iba a ir nunca. Pero después de tres días, todo volvió a la calma. Es importante que lo recuerde para la próxima vez. Hasta en las mejores familias aparece el jetlag pero es el precio a pagar por conocer un país increíble. 


También caí mala con anginas en este viaje y fue la primera vez que tuve que ir al médico estando fuera. Es por eso que vale la pena ir cubierto por si pasan estas cosas. Las gestiones fueron fáciles y gracias a que pude conseguir antibiótico rápido, pude realizar el viaje sin problemas. 

 

Calles llenas de carteles en Japon


Japón me ha enseñado que, en algún lugar del Mundo, existe el orden. Me ha enseñado a sentirme a gusto aunque no entienda nada de lo que me rodea. También me ha enseñado a no querer entenderlo todo.  Japón me ha puesto a prueba haciendo que acepte irme a la otra punta del Mundo sin tener nada planificado. Ha hecho que no me arrepienta de subirme al tren cuando una oportunidad aparece ante mi. Japón me ha recordado que Aitor es y será el mejor compañero de viaje y de vida. Aquel que me conoce (casi) más que yo misma.


Japón, gracias por sorprendernos. Seguro que volvemos a vernos…

 

Skyline de Kyoto

 

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