Brujas: una ciudad de cuento

Miércoles, 14 Noviembre 2012

 ¿Habéis soñado alguna vez en pasear por una ciudad como las de los cuento? Nos referimos a una ciudad con canales, lagos, cisnes, casitas cucas, carruajes, calles empedradas, molinos… un sitio con magia por sus calles. Si la respuesta es sí, Brujas es vuestro destino.

 

Brujas canales

Brujas, una ciudad de cuento

 

Llegamos a Brujas en tren desde Bruselas, un trayecto muy agradable por las llanuras de Bélgica. Al llegar a la estación de Brujas compramos un mapa en una máquina que hay al salir de la estación ya que no teníamos ninguno. Brujas es una ciudad pequeña que fácilmente la puedes caminar en 2 o 3 horas de una punta a otra. La gracia de Brujas es ir sin prisas y disfrutar del encanto que ofrece cada rinconcito de la ciudad. 

 

Si no disponéis de mucho tiempo, una buena opción es ir y volver a Brujas en el mismo día. Eso sí, esta opción solo la recomendamos si contratáis una excursión para exprimir al máximo el tiempo. La siguiente excursión os llevará en mini-bus hasta Brujas y un guia en español os irá explicando los pequeños rincones de la ciudad:

 

 

Brujas es un lugar romántico, muy romántico. Cada calle tiene su encanto, cada canal que ves crees que es más bonito que el anterior y cada momento que pasa por tus retinas crees que es digno de que quede plasmado en tu cámara. 

 

Estuvimos dos días en Brujas y fue una elección acertada. La noche allí da otra visión de la ciudad: los turistas se van y puedes disfrutar de una intimidad única. Es entonces cuando ves el reflejo de las luces en los lagos y canales, algún cisne despistado al que le cuesta dormir mirándote atentamente y la magia de los edificios medievales iluminados imponentemente. A esto se le ha de sumar las casas de los residentes sin cortinas en las ventanas  que hacen que veas como es la vida dentro de las casas. 

 

Canal de Brujas

Aitor disfrutando de la tranquilidad de Brujas

 

Aquella noche nos alojamos en el hotel Jacobs (hotel-pensión). Alojarse en Brujas es caro y este hotel estaba bastante céntrico a buen precio. El sitio era bastante modesto pero el dueño fue de lo más acogedor con nosotros. Hablaba el español mejor que el inglés y para desayunar como estábamos solos insistió en ponernos en el comedor canciones antiguas españolas como: “Bésame mucho”. Nos hizo gracia porque se esforzaba en tenernos contentos.

 

Brujas, como siempre que viajamos, decidimos recorrerla a pie. Es muy popular coger barquitas que te llevan por los canales para ver la ciudad desde otra perspectiva pero nosotros no lo hicimos. No nos suelen gustar las grandes turistadas y a eso se le sumaba que estábamos en febrero y hacía frío para ir por el agua.

 

También existe la opción de hacer una ruta guiada por la ciudad por 10€ con guía en español:

 

 

Como lugares curiosos, hay una iglesia en una plaza donde guardan una reliquia de la sangre de Cristo, también un convento bonito para pasear, el lago del Amor y la espectacular Plaza Mayor.  La plaza de Brujas merece mención especial ya que los edificios de ella son increíblemente bonitos, bien conservados y con una iglesia que toca una melodía encantadora a las horas en punto (no las típicas campanadas, sino como cascabeles que resuenan recordándote que estás en un sito de cuento). Pero lo que se recuerda de Brujas es la ciudad en conjunto con el romanticismo que se respira. 

 

Plaza de Brujas

Plaza de Brujas

 

Para comer hay restaurantes caros al lado de los canales, con rosas, corazones y demás adornos. Pero eso se nos escapaba de nuestro presupuesto así que cogimos algo para cenar en un puesto de comida de la plaza Mayor. Era como una carne picante, buenísima. 

 

Al día siguiente, cogimos las mochilas y fuimos a la estación caminando a pesar de saber que nos duraría un par de horas. Queríamos recordar una vez más esa magia especial.
 

 

Lago del amor en Brujas

Cerca del lago del Amor

 

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