Kalaw: tranquilidad entre montañas en Myanmar

Lunes, 20 Junio 2016

Kalaw es un pueblo de montaña situado en el estado Shan de Myanmar, a 60-70 Km del lago Inle por carretera y unos 40-50 Km andando. Es uno de los pueblos más conocidos por los turistas porque desde allí sale uno de los trekkings más famosos del país: el trekking de Kalaw hasta el lago Inle. 


Cuando preparábamos nuestro viaje de 14 días por Myanmar, tuvimos que decidir entre realizar el trekking desde Kalaw al lago Inle o bien si realizar un trekking por Hsipaw, al norte de Myanmar. Le dimos muchas vueltas, valoramos los pros y los contras y al final nos decidimos por el de Kalaw hasta el lago Inle. La balanza se decantó por éste porque Hsipaw nos pillaba más a desmano y perdíamos mucho tiempo en transporte hasta llegar. 


Llegamos a Kalaw a primera hora de la mañana. Aquel día madrugamos para coger un vuelo interno que nos llevó desde Bagan hasta el aeropuerto del lago Inle (realmente este último aeropuerto está a medio camino entre Kalaw y el lago Inle). En el aeropuerto nos estaba esperando un taxista que contratamos directamente a través del hotel donde dormiríamos aquella noche: el Thitaw II. El taxi nos costó 25.000 Kyats (unos $20) que pagamos a nuestra salida a Marc, nuestro anfitrión en el Thitaw II. 

 

Casa de la epoca colonial
 


No tenemos más que palabras de agradecimiento por el trato recibido por Marc en el Thitaw II. Marc es un belga que se fue a vivir a Myanmar por amor. Según lo que nos explicó, solo hay 3 europeos viviendo en Myanmar. Conseguir la residencia es muy difícil. Marc se dedica en cuerpo y alma a su pequeña guesthouse. El trato es familiar 100%. Para nosotros no era un día cualquiera… aquella noche era 31 de Diciembre, Noche Vieja, y ya íbamos mentalizados que sería una noche como cualquier otra, sin ningún tipo de celebración. Cuando llegamos al Thitaw II, Marc nos dio la bienvenida y nos dijo que aquella noche podíamos cenar todos juntos, que se lo había dicho también a los otros huéspedes y que él nos cocinaría el postre: creps con mermelada. El plan nos pareció estupendo y nos reunimos todos en la sala de estar del Thitaw, pedimos comida a domicilio, y de postre nos comimos las estupendas creps de Marc. Llegados a este punto, tenemos que decir que TODO lo que hace Marc es completamente artesanal. Eso quiere decir que la mermelada de frambuesa que comimos ha sido la mejor mermelada que hemos probado en nuestra vida. Aitor se infló a creps hasta reventar.

 


Lo mejor del Thitaw II es su precio. La habitación nos costó $20 la doble con baño propio y con desayuno casero (pan hecho a la leña, bizcocho de banana casero, mermeladas…). No os esperéis lujos, las habitaciones son pequeñas pero es un sitio realmente recomendable: los colchones son una gloria y el hotel está en la colina de Kalaw, alejado de cualquier ruido (excepto algún perro callejero por la noche y los pajaritos por la mañana). La colada, la más barata que vimos en nuestro viaje: 2.000 Kyats (1€) por una lavadora entera (¡y te la entregan planchada!). En la mayoría de hoteles ese era el precio para lavar una sola prenda.


Kalaw es un pueblo donde nos hubiera gustado quedarnos más tiempo. Por suerte, al llegar a primera hora de la mañana, pudimos aprovechar el día para pasear por el pueblo y caminar un poco por la montaña hasta llegar a las cuevas Shwe Oo Min Paya, las más bonitas y auténticas que vimos en Myanmar. Es una pena que la gente llegue a Kalaw por la tarde-noche solo con tiempo de ir a reservar el trekking hasta el lago Inle y se olviden de pasar más tiempo en Kalaw. Nosotros nos hubiéramos quedado 2-3 días más allí haciendo trekkings de un día por los alrededores de Kalaw. En el Thitaw II, Marc tenía una guía escrita por él de trekkings que podíamos hacer en 1 día por las montañas y tenía muy buena pinta. 

 

Curiosos budhas en Shwe Oo Min Paya
 

Buda en las cuevas de Shwe Oo Min Paya

 

Exterior de Shwe Oo Min Paya
 


En Kalaw encontramos paz, tranquilidad… y todo era muy barato allí. Además, al estar en la montaña, gozamos de un fresquillo muy apetecible después de haber pasado tanto calor días atrás. 

 

Nino que nos saludaba al pasear por Kalaw
 


Como estábamos un poco saturados de tantos templos (veníamos de Bagan y habíamos estado anteriormente en Yangon y Bago), decidimos empezar el día con una caminata hasta las cuevas Shwe Oo Min Paya. Por el camino, nos cruzamos con varias personas y niños que nos saludaban con un energético “Mingalaba!!!”. La gente en Kalaw parecía mucho más simpática que en otros sitios. Por el camino pasamos por una escuela y los niños se revolucionaron al vernos pasar por allí. Detuvieron sus lecciones cantadas al unísono para empezar a chillar “Minagalaba!!!!” y a reírse sin parar. 


Aquella mañana no nos encontramos ningún turista. Éramos los únicos afortunados que habían decidido visitar estas cuevas. Los turistas acostumbran a ir a las cuevas de Pindaya pero nosotros creemos que las de Kalaw valen muchísimo la pena. La entrada es gratuita (puedes hacer una donación a la salida si quieres). Antes de entrar a las cuevas hay un templo precioso por el que paseamos solos. Después entramos en las cuevas sin esperar mucho de ellas. Un señor mayor nos saludó con cariño y nos explicó que las cuevas tenían más de 5.000 años y que había miles de budas dentro. Después nos dejó visitarlas a nuestro aire. Dentro nos encontramos a una familia de birmanos que, al vernos, nos pidieron hacerse fotos con nosotros (¡con lo oscuro que estaba!). Después de unas cuantas fotos con los padres, los hijos, todos juntos…. seguimos la visita. Las cuevas nos sorprendieron muchísimo. Recorrimos largos pasillos estrechos rodeados de miles de budas de oro. En las cuevas hacía fresquillo pero ya nos estaba bien. Nos gustó tanto que al salir, dejamos algo de dinero en la caja como donación. Justo entonces apareció el hombre mayor que nos había dado la bienvenida al principio y abrazó fuerte a Aitor dándole las gracias por haber visitado las cuevas, por visitar el país… el hombre no cabía dentro de sí de felicidad. Solo entendíamos “thank you” y “mingalaba” que lo usaba como palabra comodín porque era lo único que sabíamos nosotros de birmano. A mí me dio la mano con cariño y se despidió de los dos, esperando que nos viésemos pronto. 

 

Elefante a la entrada de la cueva
 

Pasadizos infinitos en las cuevas
 

Henar haciendose fotos con los birmanos
 


Seguimos nuestra caminata hasta un monasterio que estaba a 1Km de allí pero creemos que no vale la pena ir. En Myanmar los veréis más bonitos y la subida hasta este monasterio cuesta lo suyo… 

 

Grupo de monjes
 


Volvimos a bajar al pueblo agotados, era la hora de comer y el sol picaba con fuerza. Con mucha sed, entramos al restaurante del Tío Sam, donde queríamos preguntar por los trekkings para el día siguiente. Ya os decimos que la comida del restaurante no tiene nada de especial, si volviésemos, iríamos a otro sitio a comer. Quizá al nepalí de enfrente que tenían Wifi. El rato nos mereció la pena porque mientras esperábamos la comida nos explicaron los trekkings. 


Después de comer, fuimos a dar una vuelta por el pueblo y aprovechamos para preguntar en algún sitio más sobre trekkings. Pero la propuesta de Tío Sam de ir por un camino nada turístico el primer día y la confianza que nos transmitieron, hicieron que nos decantáramos por este. 


Dimos una vuelta por el mercado y nos pasamos por tres de pagadas que teníamos apuntadas para ver: Aung chan Tha Zedi, Shwe lin lun Paya, Hsu Taung pye Paya. Nada del otro mundo comparada con algunas pagodas importantes que ya habíamos visto días atrás, pero para dar un paseo y pasar el rato están bien.

 

Vendiendo en el mercado de Kalaw
 

Parada de mercado en Kalaw
 


Ya solo nos quedaba subir a lo alto de un monasterio: Thein Taung Kyaung. Para subir, hay que ir por detrás del mercado y empezar a subir por unas escaleras que parecen no tener fin. La verdad que la paliza no creemos que valga tanto la pena porque el monasterio estaba sin monjes y no se podía visitar por dentro. Si volvemos, en lugar de hacer steps durante 20 minutos, nos iremos a tomar un batido fresquito a algún bar.

 

Ascendiendo al templo
 

Monjes rezando en el monasterio
 


El día había sido intenso. Así que nos subimos a nuestro remanso de paz a descansar. Nos teníamos que duchar y prepararnos para la noche vieja en el Thitaw II. Pillamos a Marc haciendo el pan en su horno de leña y le dijimos que tras una ducha y llamar a nuestras familias, nos pasábamos por el comedor para pedir la cena. La cena nos salió muy bien de precio y riquísimo todo. Aprovechamos la cena para interesarnos por la vida de Marc y cómo un belga acaba viviendo en Myanmar. Tras comer las riquísimas creps, nos retiramos a nuestras tranquilas habitaciones. Teníamos que descansar, al día siguiente nos esperaba el inicio de un trekking de 2 días hasta llegar al lago Inle.

 

Monasterio de Kalaw
 

 

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